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El nombre de Santa María de la Merced (o de las Mercedes como la llamamos en (nuestra zona) surgió en el siglo XIII en la Península Ibérica.
La esclavitud de los cristianos, como consecuencia de la persecución de los mahometanos o moros era frecuente. El clamor de los cautivos (prisioneros), constante. Un hombre de bien, San Pedro
Nolasco, sufría ante este azote a la dignidad humana y cristiana y pedía a la Virgen remedio. Vendió cuanto tenía para rescatar prisioneros, pero, como era lógico, aunque otros muchos colaboraban con él, su acción fue insuficiente para llegar a todos los necesitados de ayuda. La tradición nos cuenta que en una misma noche la Virgen se apareció a este santo (revelándole que su obra de redimir cautivos era muy agradable a Dios), a San Raimundo de Peñafort y al Rey Jaime I de Aragón, pidiéndoles que para hacer más eficaz la redención de cautivos fundasen una Orden Religiosa con ese fin. Así nació La Orden de la Merced, desde entonces se llama a la Virgen nuestra "Señora de la Merced".
El culto a la Virgen de la Merced empezó en el año 1249. Su devoción se extendió rápidamente por Cataluña y posteriormente por toda España, Francia e Italia.
Con el descubrimiento de América los Mercedarios la trajeron al "Nuevo Mundo", donde perdura con caracteres multitudinarios hasta el día de hoy, pues es patrona de Obispados, pueblos y Parroquias.
En el Perú, el 20 de Setiembre de 1730, el cabildo de Lima la declaró "Patrona Jurada de sus Campos" ante una necesidad agrícola. El Congreso Constituyente de la República, al iniciarse la Independencia, la nombró "Patrona de las Armas", el 22 de Setiembre de 1823.
En los libros de nuestra Parroquia no se encuentra referencia sobre quién eligió esta advocación de la Virgen como su titular y Patrona del Pueblo.
Pero es claro que ninguna otra advocación de la Virgen podría ser más adecuada: En un ambiente adverso al hombre como es la selva, necesariamente los primeros pobladores tendrían que sentirse esclavos. Y el deseo de acudir a alguien que los protegiese y liberase surgiría espontáneo en aquellos creyentes. Y de ahí al ponerse bajo la protección de la
Virgen de La Merced, liberadora de esclavos.
Pienso que nuestra Patrona no ha perdido actualidad y que hoy más que nunca nos tenemos que sentir orgullosos de ella e invocarla con más confianza, pues no sólo perduran las condiciones de esclavitud del origen del pueblo, ya que no hemos dominado la selva aún y sí hemos sumado otras como la pérdida de los valores, de la confianza mutua, del sentido de colaboración, de la fidelidad familiar y un largo "etcétera" que todos conocernos muy bien, sino que además hecho aparecer fenómenos tan destructivos como el narcotráfico y terrorismo.
Por eso que al celebrar la Fiesta Patronal nos sirva para recobrar el sentido auténtico de los valores, no sólo para divertirnos, y que de lo más profundo de nuestro corazón, al tiempo que prometemos trabajar para ello, brote esta oración:
VIRGEN DE LAS MERCEDES LÍBRANOS DE TODAS NUESTRAS ESCLAVITUDES
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